sábado, 2 de junio de 2012

¿A QUÉ HUELE LA NIEBLA, MADRE?


PRESENTACION DE MI NOVELA


“¿A qué huele la niebla, madre?” 

El jueves día 7 de junio presentaré en León mi novela
Lugar: librería Artemis
Calle Villa Benavente, 17
Hora: 20:15

Os espero a todos,
porque estoy segura de que la novela os va a conmover

¿A qué huele la niebla, madre?
Eso es lo que  Benilde  le pregunta a su madre un amanecer de noviembre.

Porque no huele igual la bruma de la amanecida que le baña la cara con una suavidad azul, que la neblina del atardecer que se mezcla con el aliento del ganado y exhala un aroma cálido.

Pero la niebla negra…

 Benilde quiere saber a qué huele la niebla negra que se ha colado de noche en la casa, que ha llenado todos los rincones, que ha dejado un aroma agreste como si hubiera calentado al fuego de la chimenea sus miembros de agua

La niebla que ha impregnado el dormitorio de la madre con unos efluvios que la niña no conoce y que la han  perturbado de tal modo que Benilde nunca volverá  a ser la misma.

lunes, 21 de mayo de 2012

Die kleine Raupe Nimmersatt (LA ORUGUITA GLOTONA)

  

 Es una canción preciosa y muy divertidas con la que los nuiños pueden familiarizarse con el idoma alemán,

martes, 15 de mayo de 2012

TOME MI PENSIÓN, SR. RAJOY, Y ARREGLE ESPAÑA

Tome mi pensión, Sr. Rajoy, y arregle España. 
Esta España, o país, o nación (según  quien la nombre) que se nos está cayendo a pedazos.
Tome mi pensión y arregle este desaguisado sin padre ni madre.

Por mí no se preocupe, Sr. Presidente, que para comer no me ha de faltar.  Con los hijos no puedo contar porque ´se les ha acabado el paro. Me las apañaré con un cacho huerta que todavía me queda en el pueblo. A mi edad es bueno comer berzas.
Ya voy "pa" los ochenta, pero aún tengo arrestos para inclinarme a la tierra.
Ya ve usted, en cambio a lo que nunca me amoldé en mi larga vida fue a inclinarme ante ningún hombre, porque nadie es más (ni menos) que yo.
Tome mi pensión, Sr. Rajoy, Y arregle España.

Por mí no pase cuidado, que las enfermedades me las trataré como  se han tratado toda la vida: con emplastos, friegas y tisanas. Y si la cosa va a mayores, ya me echará una mano el curandero, que vive en el pueblo de al lado y, total "pa" 10 kilómetros no se necesita ambulancia, ni medicalizada ni sin medicalizar. Con la bicicleta me planto allí en un periquete.
Así que tranquilo, Sr. Presidente.
Tome mi pensión, y arregle España.

A los banqueros, políticos y exespeculadores (¿se dice así? mucho exes, me parece a mí, así que les quito el ex y los sigo llamando especuladores) no se le ocurra dejarles sin un salario digno. Por eso le sugiero, o le pido, o le exijo (perdone, no se mucho de vocabulario y todos esas palabras me parecen decir lo mismo).
Bueno lo que quiero decirle es que les retribuya  como se merecen, conforme al trabajo que desempeñan. Con un salario digno.
El salario mínimo, ¿le parece bien?

miércoles, 9 de mayo de 2012

DESAYUNO SIN DIAMANTES

A veces es mejor no escuchar la radio
 si uno quiere desayunar en paz.

Ya me había sucedido otras veces. A decir verdad no muchas, afortunadamente. Sólo cuando me había acostado más temprano de lo habitual tras una cena frugal. El caso es que esta noche ocurrió de nuevo.
 Me desperté a las cinco de la mañana con una sensación de vacío en el estómago. O sea, por decirlo llanamente, con un hambre canina. Estaba a punto de levantarme de la cama y lanzarme a la cocina cuando, sin saber por qué se me vinieron a la cabeza las palabras de mi abuela hambre que espera hartura no es hambre pura, que era lo que siempre decía mientras yo apremiaba a mi madre para que me diera la cena. Mi abuela inválida era una especie de tótem sagrado instalado en su sillón de cretona floreada desde el cual dictaba órdenes y sentencias. Ella encarnaba la sabiduría y la experiencia que se atribuye a los ancestros, así que mi madre ignoraba mi petición como si yo no hubiera abierto la boca y continuaba planchando y doblando primorosamente  la ropa de toda la familia hasta que en el cesto de mimbre no quedaba ni un calcetín. Eran tiempos de percal y  batista, de algodón y popelín (palabra que me producía una risa incontenible). Nadie había inventado todavía la falacia de que la arruga es bella y los niños de entonces debíamos ir planchados y replanchados.
El caso es que al hilo de todos estos recuerdos se me ocurrió la malhadada idea de hacer la experiencia. Quise percibir en mi propio cuerpo lo que era hambre pura, de modo que comencé por imaginar que la nevera estaba vacía y que no encontraría nada en ella cuando la abriera. Mi estómago pareció responder al estímulo porque inmediatamente sentí una especie de mordisco en las entrañas. Pero aguanté el envite y permanecí  acostado resistiendo la tentación de correr pasillo adelante hasta la cocina. Claro que la cosa fue a peor cuando fantaseé con la idea de que no existían supermercados, ni una mísera tienda de barrio siquiera en mil kilómetros a la redonda. Mi estómago se encabritó de nuevo añadiendo coces dolorosas a sus mordiscos atroces.
No quise esperar más. Salté de la cama y me dirigí a la cocina como si hubiera de apagar fuego en ella. Me dispuse a prepararme el desayuno yo mismo, no era cosa de llamar a la criada a las cinco y cuarto de la mañana. (El reloj confirmó que había sufrido quince minutos de hambre pura).
El olorcillo que se desprendía del tostador del pan se complementaba a la perfección con el aroma del café. Unté las tostadas con abundante mantequilla aprovechando que mi mujer dormía y no me iba a dar la murga con la consabida cantinela el colesterol, Antonio. El médico te ha ordenado controlar el colesterol”. ¡A la mierda el colesterol! Extendí la mermelada de arándanos sobre las tostadas y me senté a desayunar.
Encendí la radio, más  para que me hiciera compañía que para enterarme de las noticias, que son las mismas a todas las horas. Entre bocado y bocado volví a escuchar por enésima vez  los comentarios sobre “idilio económico  Merkozy” que nos obliga a apretarnos el cinturón como si viviéramos en plena posguerra.
Tras un sorbo de café me reconcilié en cierta forma con los mandatarios bicéfalos y empecé  la segunda tostada (la enceté, hubiera dicho mi abuela, de estar viva).
En la radio, una cooperante de esas que no tienen otra cosa mejor que hacer y se meten en una ONG a ver si ligan con algún chalado como ellas, se puso a hablar no sé que cuernos de el Cuerno de Africa, de campamentos de refugiados en Kenia, de mujeres que llegaban extenuadas a ellos con los hijos aferrados a sus tetas resecas, de miles de niños muertos por la hambruna.
¡Qué bruta, la tía! pues ¿no nos acusa a la humanidad entera de genocidio por mirar hacia otro lado?
Ganas de joderme el desayuno que tenía la tía, porque salí disparado hacia el cuarto de baño y vomité.


miércoles, 2 de mayo de 2012

ESPONSALES


Llegó huyendo de nadie, huyendo de nada, perseguida sólo de vez en cuando por las gaviotas.

 El sol se derramó sobre su espalda y sus hombros desnudos, y los tiño del color de la arena rubia.

Se detuvo y miró la playa bajo sus pies



El mundo terminaba allí mismo, al filo del acantilado, y si ya no quedaba tierra por la que caminar –pensó- no merecía la pena seguir avanzando.

Llegó huyendo de nadie, huyendo de nada.

Atrás quedó el murmullo de las ramas al atravesar el bosque que a ella se le antojó un clamor humano.

Imaginó lo que sería estar muerta.

Muerta y hermosa.

Jamás se arrojaría al vacío.

Descendió con precaución y se tendió al borde del agua.

La blonda de las olas se enlazó con los encajes de su vestido de novia 
 la muchacha celebró sus esponsales con el mar

lunes, 30 de abril de 2012

ENTRE LA LUZ Y LAS SOMBRAS




“La memoria lo es todo para mí.
Tanto recuerdas, tanto vales”


 (La oscura historia de la prima Montse. J. Marsé).



¿Cuánto dura un siglo...? ¿cuántos años tienen que pasar...? ¿cien... mil...? ¿qué es un siglo?

 Agosto 2005
 El huracán Katrina acababa de destruir Nueva Orleáns. Siempre quise viajar a Nueva Orleáns. Ahora no sé cómo llegar. ¿Es un estado? ¿una ciudad? ¿por qué no lo recuerdo? Días más tarde la televisión habló del estado de Luisiana. Dijo lo que yo siempre había sabido y acababa de olvidar. Nueva Orleans es una ciudad y no un estado. ¿Cómo fui capaz de esa confusión, yo que soy una apasionada de la geografía, que conozco  estados y ciudades como si los hubiera recorrido palmo a palmo?



Olvidé el nombre de la calle. Sólo  recordaba los sillones de mimbre y el sol luminoso que parecía estar dentro de la habitación, de este lado de la ventana sin cortinas, bañándo nuestros cuerpos desnudos con su luz dorada.

¿olvidaré  –quizá en un día no demasiado lejano—olvidaré  también que te amaba?

Hubo un eclipse.
El sol se oscureció casi por completo (también mi mente se oscurece a veces en eclipses inesperados) La tierra olvidó momentáneamente el contorno nítido de las cosas que se se volvieron difusas –como a mí los recuerdos que creí fieles durante años y ahora me abandonan desdibujados en esa falsa noche que es el olvido, igual que observo la confusión de los pájaros sorprendidos por la noche repentina sin acertar con sus nidos.

Un cerco amarillo, un anillo luminoso indicaba que el sol seguía ardiendo, aunque no lo viéramos.
En ese instante percibí con horror el comienzo del declive: Fui consciente de la aparición de la inconsciencia y supe que en lo
 sucesivo mis días estarían apenas iluminados  por un tenue resplandor tras el cual acecharían las sombras de la desmemoria.

sábado, 14 de abril de 2012

SÚPLICA DEL OLIVO

Pensando en los destrozos irreparables que los vándalos causan en los bosques, me ha venido a la memoria la súplica del viejo olivo del Castillo de San Jorge, en Lisboa  Y digo la súplica del olivo porque si escuchamos con atención es el mismo árbol quien nos habla.      
Y éstas son sus palabras:



  
AO VIANDANTE

Tu que passas e ergues para mim o teu braço
Antes que me faças mal, olha-me bem.
Eu sou o calor do teu lar nas noites frias de inverno
Eu sou a sombra amiga que tu encontras sob o sol de agosto.
E os meus frutos são a frescura apetitosa que te sacia a sede nos caminhos.
Eu sou a trave amiga da tua casa, a tábua da tua mesa, a cama
em que descansas, o lenho do teu barco.
Eu sou o cabo da tua enxada, a porta da tua morada
A madeira do teu berço e do teu próprio caixão.
Eu sou o pão da bondade e a flór da beleza.
Tu que passas, olha-me bem e não me faças mal.